La nueva movilidad, ¿para cuándo?
Por David Martínez, responsable de Marketing y Comunicación de Asitur
Creo que a estas alturas todos tenemos bastante claro que la movilidad está en un proceso de transformación importante. Sabemos en qué consiste este proceso, cómo se está produciendo, por qué es necesario… pero ¿sabemos realmente cuándo veremos esta nueva movilidad de forma intensiva? Esta es la gran cuestión que no es fácil resolver.
Hay dos grandes impulsores de este cambio y, a poco que se vea la relevancia de los mismos, es fácil intuir que este es un proceso que no admite marcha atrás.
Por un lado, las emisiones de CO2. Estamos hablando de que anualmente emitimos a la atmósfera unos 51.000 millones de toneladas de gases causantes del efecto invernadero y, de esta cantidad, un 7,5% se genera por los desplazamientos de los casi 1.000 millones de vehículos particulares que existen en circulación en el mundo. Cifras mareantes pero que nos dan una idea de lo importante que es llevar a cabo esta transformación a una movilidad limpia.
¿Qué estamos haciendo al respecto? Pues, sin duda, muchas cosas. Algunas con consecuencias inmediatas aunque limitadas, como las restricciones a la circulación contaminante en los centros de muchas grandes capitales y/o en situaciones de alta contaminación. Y otras, con resultados mucho más impactantes pero que requieren una implantación a largo plazo y una implicación público/privada difícil de articular.
Es el caso de la electrificación de la movilidad. El desarrollo de los vehículos híbridos y eléctricos es imparable y poco a poco se van superando algunas barreras que frenan una generalización de los mismos. Su autonomía se va incrementando, ya no tienen porqué ser solo coches de “ciudad” sino que podemos pensar en planear ciertos viajes. Su precio se va a ajustando, aunque todavía se nos antoja elevado para pensar que todo el mundo podrá comprar un coche eléctrico a corto plazo.
Y no perdamos de vista que en este camino hacia la descarbonización están surgiendo otras opciones (aparte de la electricidad) como es la que se basa en el hidrógeno. Algunas compañías energéticas ya están apostando por este modelo que pretende prescindir de los combustibles fósiles. Se le llama hidrógeno verde y supone una fuente de energía virtualmente inagotable y que no deja huella de carbono en la atmósfera cuando se produce a partir de energías limpias y renovables.
Pero volviendo a la electrificación de la movilidad no olvidemos el tema de los puntos de recarga o “electrolineras”, aspecto esencial si se quiere potenciar de verdad esta transformación hacia una movilidad más sostenible. En España tenemos fijado un objetivo cinco millones de vehículos electrificados circulando por nuestras carreteras en el año 2030.
Aquí tiene que entrar la colaboración público/privada para impulsar las infraestructuras de recarga. Actualmente existen en España unos 12.000 puntos de recarga, pero solo un 15% de ellos permiten realizar cargas ultrarrápidas que son las necesarias para poder realizar un viaje por carretera con un vehículo eléctrico puro. Si se quiere cumplir el objetivo de los cinco millones de vehículos eléctricos, será necesario disponer de un parque de unos 300.000 puntos de recarga, con un peso relevante de las recargas de alta potencia.
Ahora bien, ¿quién se atreve a aventurar que dentro de ocho años habremos llegado a esta situación? Es complicado saberlo. No hay duda del impulso por parte de las autoridades nacionales y supranacionales, de la apuesta por parte del sector empresarial y de los ciudadanos particulares. Pero luego nos encontramos con la cruda realidad de una pandemia que nos hace retroceder un lustro el crecimiento económico; con una guerra a las puertas de Europa que nos amenaza con restricciones energéticas y hace que nos replanteemos el mix ideal de las distintas fuentes generadoras de energía.
Y en Asitur… ¿podemos colaborar de alguna manera? Está claro que sí, y lo ya lo estamos haciendo porque nuestro compromiso con una movilidad más respetuosa con el medio ambiente es firme.
Hemos firmado un acuerdo con Iberdrola para la instalación de puntos de recarga rápida en algunas bases de nuestros gruistas; vamos incorporando a nuestra red propia de asistencia en carretera vehículos no contaminantes; bonificamos a nuestros colaboradores los servicios prestados con vehículos ecológicos; potenciamos una modalidad de trabajo híbrida que contribuye a minimizar el impacto ambiental de los desplazamientos a las oficinas; recientemente, hemos plantado el “bosque Asitur” que nos permitirá compensar las 550 toneladas de CO2 que emitimos anualmente debido a los desplazamientos que todavía hacemos al trabajo y a las emisiones propias de nuestras sedes.
El otro gran impulsor de la nueva movilidad es la seguridad vial. Ya no se trata solo de conseguir una movilidad no contaminante, sino de que sea segura. La tecnología juega aquí un papel fundamental, y la buena noticia es que, desde este punto de vista tecnológico y de innovación, estamos preparados.
La conducción autónoma será la que nos lleve a un escenario de “accidentes cero”, al menos, pensamos que será posible, pero para ello aún falta mucho. Los nuevos vehículos ya nos avanzan por dónde va a ir esta autonomía en la conducción: frenado automático si se encuentran otro coche o cualquier objeto delante, corrección de salida del carril, posibilidad de conducir por carretera sin necesidad de maniobrar el volante, lectura de las señales de circulación, etc.
Podríamos decir que el vehículo 100% autónomo está casi listo…pero para que esto se traduzca en una verdadera movilidad autónoma es necesario un escenario en el que la gran mayoría de los vehículos, sino todos, sean autónomos, es decir, hay que eliminar totalmente el factor humano de la conducción ya que este factor es el principal causante de los accidentes.
Y para llegar a este escenario ideal de una movilidad plenamente autónoma, los vehículos no solo tendrán que estar conectados entre sí, también deberán estarlo a las calles, carreteras y señales, las cuales deberán ser “inteligentes”, y tendrán que prever y alertar de situaciones potencialmente peligrosas y trasladar esta información a los vehículos para que reaccionen de forma automática.
Uniendo ambos conceptos, los de movilidad ecológica y movilidad inteligente, se están desarrollando soluciones como la de la electrificación viaria, que consiste en la instalación bajo el asfalto de un sistema de bobinas de cobre alimentado por una potencia de 1mw que se encargará de transferir la energía a los coches que dispongan de los receptores adecuados.
La movilidad cada vez está más relacionada con el mundo digital y esto implica un aumento en la automatización y la conectividad. Ese es el principal objetivo en las carreteras inteligentes del futuro. La simbiosis entre carretera y vehículo hará posible un aumento en seguridad vial y respeto hacia el medio ambiente. Y mientras este proceso avance, nosotros seguiremos apostando por la seguridad en las carreteras. Ese es precisamente el objeto del acuerdo firmado este mismo año entre Asitur y la Fundación CEA (Comisariado Europeo del Automóvil) para el fomento y desarrollo de acciones en el ámbito de la seguridad vial y de una movilidad más limpia.
Nuevamente aquí nos surge la misma pregunta que en el punto anterior: esta nueva movilidad ya está en marcha, pero ¿cuándo podremos experimentarla de forma intensiva con todo el parque automovilístico autónomo e interconectado y en un escenario de cero accidentes?…


