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Albia ofrece ceremonias de homenaje para dar el adiós definitivo a fallecidos durante la pandemia

Redacción 8 de junio de 2020

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El duelo es un proceso interno que se produce ante la pérdida de un ser querido y que supone una reacción psicológica natural, normal y esperable, de adaptación ante la pérdida, que sufren familiares y amigos y que puede manifestarse antes, durante y después de su fallecimiento.

El duelo por el fallecimiento de una persona amada no tiene en sí una duración predeterminada, “el período de dolor más agudo suele durar desde semanas a varios meses en los que la persona se mueve en un laberinto emocional, experimentando con una alta intensidad sensaciones de irrealidad, desaliento, sinsentido, ira, anhelo, cólera o tristeza”, explica Marian Carvajal, responsable de Atención Emocional de Grupo Albia.

El levantamiento de determinadas restricciones que afectaban significativamente a los servicios funerarios, en lo referido a velaciones y comitivas fúnebres, devuelve a las familias la posibilidad de cerrar una etapa de una manera respetuosa. Por ello, “en Albia estamos trabajando para que estas despedidas se lleven a cabo con el objetivo fortalecer las estructuras psicológicas de las familias y ayudar a construir el escenario de vida aceptando la ausencia de la persona querida”, señala Carvajal.

La despedida es psicológicamente necesaria

La despedida supone asumir la nueva perspectiva frente al hecho de la pérdida, implica dejar marchar a una persona fallecida y afrontar un nuevo escenario aún por definir. La despedida conlleva, además, la conciencia de que hay que “aceptar un sufrimiento y es necesario transitar por él”. Se trata, según la experta, de un final en sí mismo y un punto de partida para el inicio del duelo. “En el caso de las personas que no pudieron despedirse de su familiar fallecido por la situación acontecida por el Covid-19, estas pueden encontrarse en una situación vulnerable, especialmente si no han dispuesto de una despedida alternativa, igualmente terapéutica”, apunta Carvajal.

El duelo no permanece congelado por la cuarentena, sino que evoluciona de diferente manera e intensidad dependiendo del escenario: lo que pueda sentir y el control de la situación percibida determinará el proceso emocional. “La cuarentena no ha paralizado el sentimiento de duelo, pero, entre otros, ha impedido el último adiós -tan necesario-, complicando con ello la expresión emocional y el inicio del tránsito adaptativo por las fases que componen el duelo”.

Durante el estado de alarma, los rituales tradicionales de duelo fueron sustituidos por otros rituales de «despedida» para poder iniciar el viaje a través del duelo y de sus fases: streaming, videollamadas, etcétera. Todas ellas fórmulas necesarias, ya que permiten conectar a la persona con su nueva realidad más “fácilmente”.

Las familias se han sentido “muy culpables y frustradas” por no haber podido despedir o velar a sus seres queridos. Un sentimiento de culpa que, si no se sustituye de forma progresiva por otras emociones más adaptativas, puede desencadenar “un anclaje patológico en el dolor, con una más que probable complicación en el proceso del duelo en las semanas siguientes”, explica Carvajal.

Celebrar ahora ceremonias de despedida puede ser una gran manera de rendir homenaje a la experiencia vital de la persona fallecida y despertar en la familia emociones de alivio, gratitud o agradecimiento. No obstante, esta posibilidad debe abordarse con cautela, ya que “el efecto de rebote emocional se puede dar en los casos en los que la persona no ha podido asimilar la pérdida aún, o sigue bajo un cierto shock emocional en el que sigue viviendo la situación como irreal”.

La soledad siempre es un factor de riesgo en los mayores

A mayor soledad percibida, mayor vulnerabilidad psicológica (aumentan los síntomas depresivos); un escenario, este, que se ha acentuado con la situación de aislamiento. En este sentido, la muerte de la pareja aumenta la experiencia interna de soledad, el sufrimiento emocional y favorece la aparición de traumas, miedos y vulnerabilidad psicológica, haciendo que el riesgo de fallecer aumente en más de un 66% en los tres primeros meses de viudez.

En los casos de hospitalización de personas mayores por Covid-19 -que han salido adelante- fue decisiva la comunicación con sus familias. “En situaciones de viudedad por Covid-19, los apoyos familiares y comunitarios son decisivos. No solo han perdido a sus parejas, sino que, a este factor altamente estresante, se añaden situaciones como no poder tramitar la pensión de jubilación o de viudedad, o no disponer de la ayuda o apoyo de otros familiares”, concluye Carvajal.

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