Antonio Huertas alerta de la percepción social negativa sobre el seguro y sus obligaciones
Antonio Huertas, presidente de mapfre, ha alertado acerca del desconocimiento que hay hacia el seguro y de papel, así como su percepción «negativa» acerca de su capacidad para hacer frente a sus obligaciones, durante el ‘I Observatorio del Sector Asegurador’, impulsado por El Español e Invertia.
En su discurso, reflexionó acerca de la «falta de entendimiento de la realidad, de la importancia capital que tiene la actividad aseguradora. No sé cuánto es culpa nuestra, de los que trabajamos en el sector». En su opinión, consideró que quizás es debido a que el asegurador «es un negocio complejo, que a veces trata de simplificarse en exceso. Y en eso no ayudamos a veces las compañías, porque trasladamos a la sociedad mensajes demasiado simples, banalistas, y, desde luego, a veces confunde a los ciudadanos respecto a la importancia del producto, del servicio, de la solvencia, de los requerimientos, del tremendo rigor que tiene nuestra actividad».
Así, Huertas reivindicó el papel del seguro porque «es realmente una realidad impresionante. Y el español, uno de los más relevantes del mundo». Sin embargo, reflexionó que «la falta de conocimiento del seguro y, sobre todo, la enorme competitividad que hay en el sector, también hace que a veces descuidemos aspectos esenciales como puede ser poner más foco en alguna de las claves que afectan a la sociedad» refiriéndose al envejecimiento, la transformación de la población y las necesidades sociales. En su opinión, en ocasiones el sector se «envuelve en peleas comerciales, así como en otras tareas importantes. Difícilmente, a veces, encontramos el apoyo por parte de los supervisores, los gobiernos y los policy makers para tratar de ayudar mucho más a la incorporación del seguro a la vida diaria».
Reivindicación de su relevancia
Por lo que reivindicó que «lo importante es reconocer o tratar de dar a conocer más, mejor dicho, la importancia de nuestra actividad, que realmente precisa un poco más de apoyo. En España tenemos una enorme deficiencia en lo que es relacionado con ese estado del bienestar, la protección». Así incidió en la importancia que tiene el seguro en sí mismo y su ámbito de actividad con ejemplos en los que atiende necesidades sociales como son las pensiones, la salud, o el empleo. Y enfatizó que, además, los balances de las compañías de seguros en España son muy frágiles en el sentido de que «son muy pequeños comparados con las necesidades reales que aborda la sociedad en que vivimos».
Así, reseñó que el ciudadano, las empresas y la sociedad tiene incertidumbre, tiene volatilidad y dificultades para entender qué es lo que va a venir: «El seguro precisamente lo que hace es asumir esa incertidumbre, reducir y hacer posible, eliminar esa volatilidad que te afecta como ciudadano o como empresa y tratar de sustituirte cuando ocurren esas contingencias. De manera que, vía indemnización o vía servicios, tratemos de posicionarte otra vez en el papel previo a esa situación. Lo que hacemos es hacerte la vida más fácil, hacerte la vida feliz, tranquila».
Latinoamérica, envejecimiento y brecha de protección
Señaló que en Latinoamérica, la gente va a vivir casi lo mismo que está viviendo ya en Europa «en muy poco tiempo y sin embargo no hay sistemas públicos robustos de pensiones, no hay sistemas de salud públicos que puedan atender las necesidades de la población y no hay previsión de crear mercados de capitales y capacidades para poder ayudar a que esa población pueda invertir, obtener retornos adecuados». Pero el seguro, añadió, «tiene esas capacidades para hacerlo y somos capaces, además, no solo de proporcionar herramientas para que la población pueda desarrollarse, sino también ser capaces de ser uno de los pilares del desarrollo estructural de una economía en lo privado y en lo público».
Y, respecto a la brecha de protección, cuantificó en más de 300.000 millones de dólares de falta de aseguramiento para alcanzar «uno estándares adecuados».
Deuda pública, eventos climáticos y aranceles
Además recordó que a través de las primas, el seguro invierte en deuda pública soberana de los países para ayudar a construir carreteras, hospitales, infraestructuras públicas.
En cuanto a los eventos climáticos, apuntó que, en España, apenas el 40% de los daños son cubiertos por las compañías de seguro y el 60% restante en Europa, «no está cubierto porque no hay póliza que lo cubra». Así destacó que la Dana ha provocado 10.000 millones de euros en daños totales, donde la industria aseguradora, a través del Consorcio de Compensación de Seguros ha abonado 5.000 millones. «Pero hay otros 5.000 millones que nadie va a pagar, que los vamos a pagar los españoles a cuenta de los impuestos, porque hay que reparar toda la infraestructura pública. Hay que reparar todo eso y ahí no hay seguro porque el Estado no compra seguro para eso», reflexionó.
«Vivimos un entorno tan complejo y tan incierto que esa es la normalidad. En esa normalidad ya tenemos que asumir que puede haber situaciones que afecten, nos sobresalten, pero las compañías de seguro podemos asumirlas, en la medida que podemos, reducir en gran parte esas tensiones». Así puso como ejemplo la pandemia y a al desarrollo de políticas proteccionistas y arancelarias que «ponen freno, precisamente, al libre flujo de los bienes y servicios y sobre todo a trasladar en cierta manera o en gran manera al consumidor gran parte de los nuevos costes que llevan esas políticas. Con lo cual volvemos a crear tensiones inflacionarias, dificultades para que los mercados estén estables y falta de previsibilidad».
Inversión y ahorro
Así continuó diciendo que, la falta de previsibilidad o falta de predictibilidad «es el mayor daño que puede haber para la estabilidad y el crecimiento económico porque los principales estándares de inversión y de soporte de la actividad económica comienzan a quebrantarse. La gente busca refugios seguros de su dinero y deja de tratar el oro, los bitcoins y los productos alternativos, porque comienza a dudar de las bases reales, de la economía real…Y es un problema, porque la economía sigue basándose en los aspectos esenciales del primer, segundo, tercer sector que hacen que podamos confiar en que el crecimiento se va a dar».
Huertas recordó que el mundo asegurador es anticíclico por naturaleza: «Cuando llegan las crisis, el seguro tiene que resistir para atender sus necesidades. Nuestras inversiones son contracíclicas, invertimos a largo plazo, medio y largo plazo. Tratamos de elegir precisamente productos que vayan en consonancia con el propio desarrollo económico del país. Deuda pública, actividad inmobiliaria y activos que produzcan menos volatilidad. Y, además, tenemos una supervisión muy muy exigente». Así señaló a organismos como la Dirección General de Seguros y Fondos de Pensiones y a EIOPA que » tratar de garantizar que los niveles de nuestro balance y nuestra liquidez, nuestra solvencia y nuestra capacidad para atender nuestras obligaciones futuras no estén en riesgo».
Eventos climáticos y vulnerabilidad
«El mundo está sufriendo convulsiones naturales con mucha más frecuencia». Pero además apuntó que hay más eventos climáticos en zonas con menor protección, con más vulnerabilidad y con menos capacidad para ser resilientes para recuperarse económicamente, «y ahí no tenemos solución. No podemos crear productos a un coste adecuado para proteger a capas masivas de población con un bajo nivel de renta porque no pueden comprar los productos que necesitan». Por lo que insistió en la necesidad de «trabajar con colaboraciones privado públicas porque, el Estado solo no puede abordarlo. El sector privado tiene capacidad, pero necesita ciertos apoyos».
La IA, mediación y ciberataques
Comentó que hace unos días «los mercado convulsionarios» porque una startup española ha encontrado la vía, a través de ChatGPT para acabar con los intermediarios de seguros. «El mundo se acabó», sentenció.
En este punto afianzó que «ojalá podamos, para llevar a capas masivas de la población, un uso de herramientas tecnológicas que desintermedie la venta de seguros. Pero la venta de seguros de productos complejos tiene que estar asesorada, intermediada adecuadamente y contar con todas las protecciones para el consumidor». Según Huertas, hay productos sencillos que pueden ser accesibles para las poblaciones más humildes y en este punto, añadió que la tecnología y la inteligencia pueden ayudar a » llevarles algún mínimo, algunas capas básicas de protección», pero igualmente defendió la importancia de la mediación.
«Tener intermediarios y tener asesoramiento presencial es básico para la complejidad del producto, pero a la vez contar con herramientas que puedan ayudarnos a llevar esos productos a otras capas de población. Eso es acabar con una empresa, es acabar con un medio de vida, es acabar con una actividad inmediata y poner en riesgo nuestro propio modelo de convivencia y desarrollo económico», vaticinó. Y alertó que «o atendemos, y el seguro tiene mucho que hacer y tiene posibilidades y tiene capacidades para desarrollarlo, o el mundo, nuestro país en general, el mundo occidental, las empresas, tendremos una enorme dificultad para sobrevivir».
Y señaló que las pymes «van a tener una enorme complejidad para sobrevivir». Concretó que dos de cada tres desaparecen después de un ataque cibernético, después de haber sufrido un ataque digital porque no tienen capacidad de reconstruir. «Hay seguros, hay programas de protección, hay capacidades técnicas que ofrecemos las compañías privadas para poder ayudar a hacer menos vulnerables a las pequeñas empresas y además a costos razonables».
Educación, empleo y jóvenes
En opinión de Huertas, «si no explicamos bien nuestra actividad, tampoco estamos siendo completamente ciudadanos corporativos cumplidores de la misión que tenemos de formar a la sociedad». El presidente de mapfre apuesta por formar a la sociedad en los aspectos claves de entendimiento y de la manera de afrontar los principales problemas.
Destacó como especial desafío que le «inquieta»: el desarrollo de los jóvenes y cómo integrarlos en la sociedad. Si bien considera que, actualmente, el nivel de empleabilidad de los jóvenes es razonablemente alto frente a hace diez años atrás, «no es suficiente». Y lo relacionó con otros desafíos como son la vivienda, los salarios bajos, o encontrar empleos acordes a su capacitación. «La formación que estamos dando en las universidades públicas en general no es la adecuada para las profesiones que estamos demandando. La interacción e interrelación entre empleo, salario, productividad que se produce con los jóvenes no es la adecuada».
«Vemos comportamientos sociales que no entendemos y nos falta entendimiento de esas generaciones y tenemos un ‘elefante en la habitación’. Es la posible ruptura del diálogo y de la relación intergeneracional en nuestra sociedad, cosa que ha sido la base estructural desde que somos país moderno para garantizar que los que trabajan pagan las pensiones de los que no trabajan y hay un sistema cohesionado que alimenta una paz social». Así, insistió en que «si no lo abordamos de verdad como uno de los grandes retos: trabajar la educación, trabajar la empleabilidad, trabajar la integración mejor de los jóvenes, facilitar el acceso a la vivienda y darles oportunidades. Darles oportunidades reales, no contarlas y esperar, una vez que he ganado las elecciones, pues que venga otro y lo arreglemos. Necesitamos darles oportunidades reales».
