Cuando la geopolítica redefine el riesgo: De México a Oriente Medio
Por Sandra Samartín, directora
de Corporate de RibéSalat
En las últimas semanas, dos escenarios muy distintos han vuelto a situar el riesgo geopolítico en el centro de la agenda informativa. Por un lado, la operación contra el liderazgo del Cartel Jalisco Nueva Generación, en México, y los posteriores incidentes, como los bloqueos de carreteras y los incendios de algunos comercios en áreas concretas. Por otro, la escalada de tensión en Oriente Medio este pasado fin de semana, con Irán como actor central y su impacto en rutas estratégicas para el comercio internacional.
Son realidades complejas, con implicaciones que van mucho más allá del ámbito económico. Sin embargo, desde la óptica aseguradora, ambas comparten un elemento común: obligan al mercado a revisar cómo clasifica, mide y absorbe el riesgo.
El poder de la clasificación
Uno de los efectos que ya se están observando es la ampliación de la definición de “terrorismo” por parte de algunas aseguradoras para incluir actos vinculados al crimen organizado. Puede parecer un matiz jurídico, pero no lo es. Muchas pólizas de daños materiales cubren vandalismo o alteraciones del orden público, pero excluyen expresamente el terrorismo. Si un mismo hecho cambia de encaje técnico, la respuesta aseguradora puede variar también.
Este fenómeno no es nuevo. Tras los atentados del 11-S, el mercado global redefinió el riesgo terrorista. Durante la pandemia de la Covid-19, asistimos a debates similares sobre la interpretación de cláusulas de interrupción de negocio. En ambos casos, el aprendizaje fue el mismo: cuando un riesgo adquiere una nueva dimensión, el mercado reacciona ajustando definiciones, límites y capacidad.
En Oriente Medio ocurre algo similar con las cláusulas de guerra y war risk. Cuando una zona pasa de considerarse estable a potencialmente expuesta a conflicto armado o represalias, determinadas coberturas se activan, se encarecen o exigen condiciones adicionales. No es un fenómeno nuevo, pero sí revela hasta qué punto la geopolítica vuelve a tener un peso determinante en la ingeniería contractual del seguro.
La reacción del mercado: capacidad y prudencia
Tras episodios de tensión, el mercado tiende a reaccionar con cautela. En México, algunas entidades han suspendido temporalmente la aceptación de nuevos riesgos en estados con mayor conflictividad y, por su parte, el reaseguro ha mostrado cautela en la admisión de riesgos vinculados a terrorismo y crimen organizado. En el caso de Oriente Medio, el aumento de tensiones en rutas estratégicas como el Estrecho de Ormuz ha provocado incrementos en primas de riesgo bélico y un análisis más exhaustivo de la exposición acumulada.
Este tipo de ajustes son habituales tras eventos que alteran la percepción del riesgo. No implican necesariamente una retirada estructural del mercado, pero sí pueden anticipar un entorno más exigente como un mayor análisis técnico, revisión de condiciones y, eventualmente, presión en primas.
Sectores más expuestos
El impacto no es homogéneo. En entornos de violencia localizada, como en México, sectores como el retail o el transporte terrestre pueden verse más expuestos. En contextos de tensión internacional, el transporte marítimo, la energía o las cadenas de suministro globales concentran la atención.
En este punto cobra especial relevancia la llamada cláusula de guerra en los seguros de Transporte de Mercancías. Tradicionalmente, los riesgos de guerra, conflicto armado o actos hostiles entre Estados no están cubiertos dentro de las pólizas estándar de Transporte y requieren coberturas específicas (war risk). Cuando una zona es considerada de mayor inestabilidad, estas coberturas pueden activarse de forma obligatoria, encarecerse significativamente o incluso limitarse en función del itinerario. En rutas estratégicas, como las que atraviesan el Golfo Pérsico o el Mar Rojo, cualquier alteración del contexto geopolítico tiene un reflejo casi inmediato en las condiciones aseguradoras.
La cuestión clave no es sólo el incremento de primas, sino la naturaleza dinámica de estas coberturas. En el ámbito del transporte internacional, las cláusulas de guerra funcionan con mecanismos específicos de activación y revisión cuando una zona pasa a considerarse de mayor riesgo. En esos supuestos, pueden establecerse notificaciones previas, ajustes temporales de condiciones o revisiones de alcance vinculadas al itinerario.
Para las compañías que operan con cadenas logísticas internacionales, esto se traduce en la necesidad de integrar la variable geopolítica en su planificación operativa y contractual.
Una tendencia estructural
Lo relevante no es comparar México con Oriente Medio, sino observar la tendencia de fondo. El mercado asegurador global está volviendo a integrar de forma explícita el riesgo geopolítico en su análisis. Durante años, en determinadas regiones, estos factores quedaron en segundo plano frente a otros riesgos emergentes. Hoy vuelven a ocupar una posición central.
La pandemia demostró que el riesgo puede transformarse rápidamente en sistémico. La diferencia actual es que no estamos ante un único evento global, sino ante múltiples focos de tensión que interactúan en un entorno interconectado. Cada uno con naturaleza distinta, pero todos con capacidad para influir en capacidad, precios y redacción de coberturas.
Por eso, conviene hablar de análisis. Para las empresas con presencia internacional, comprender cómo evolucionan las coberturas y cómo interpreta el mercado determinados eventos forma parte de una gestión responsable.
En un entorno global donde los factores geopolíticos y de seguridad influyen cada vez más en la actividad empresarial, el seguro deja de ser un elemento meramente contractual para convertirse en una herramienta estratégica. Entender cómo evolucionan las coberturas y cómo responde el mercado es, hoy más que nunca, parte esencial de la toma de decisiones.
