Envejecimiento de la población: sectores y oportunidades para el inversor
Por Giulia Culot, gestora en Sycomore AM (Generali Investments)
Entre las tendencias globales que ha identificado la ONU, la que emerge con mayor claridad es el creciente envejecimiento de la población: según sus previsiones, el porcentaje de población mundial mayor de 65 años pasará del 10% en 2022 al 16% en 2050. El número de personas de 65 años o más en todo el mundo será más del doble del número de niños menores de 5 años y aproximadamente igual al número de personas menores de 12 años. Se trata de una tendencia consolidada y visible que los gobiernos a nivel mundial tendrán que gestionar cada vez más invirtiendo en servicios, soluciones e infraestructuras diseñadas para las personas mayores.
A nivel geográfico, en las últimas semanas China ha cedido a India la primacía de país más poblado del mundo. Con toda probabilidad, la población india seguirá creciendo durante varias décadas, mientras que la china ha tocado techo y seguirá disminuyendo en los próximos años, situándose por debajo del umbral de los mil millones de habitantes antes de finales de siglo. Aunque a ritmos diferentes, ambos países están experimentando un desplazamiento de su población hacia grupos de mayor edad.
Si hablamos de sectores, el de la salud cobra un especial protagonismo y somos especialmente positivos en este segmento. Por una parte, están las empresas farmacéuticas, que ofrecen una buena combinación de perfil defensivo y eventos catalizadores a lo largo del año gracias a la publicación de los resultados de los ensayos clínicos. Por otro lado, tenemos a las empresas MedTech 1 , que sufrieron en 2022 debido al aumento de los rendimientos públicos, y que hoy nos permiten invertir en empresas con una dinámica de crecimiento única (crecimiento orgánico del 5% al 15% anual) a valoraciones relativamente atractivas.
En paralelo, es digno de mención el segmento pensiones y ahorro, principalmente aseguradoras de Vida y sociedades de gestión de activos. Estas empresas cotizan «baratas» a pesar de que, especialmente las aseguradoras, tienen históricamente menos revisiones negativas que las del mercado en fases recesivas. Además, la solidez de los estados financieros y las ratios de solvencia 2 , que permiten planes de compra de acciones propias, representan elementos a favor del sector.
Si hablamos del sector consumo, que incluye segmentos más defensivos y cíclicos, tenemos flexibilidad para actuar en caso de un deterioro más acusado de la economía o, por el contrario, más positivo de lo previsto.
No hay que dejar de tener en cuenta los riesgos percibidos para la sostenibilidad financiera de la seguridad social y los sistemas sanitarios a nivel mundial.
La necesidad de replantearse los sistemas de seguridad social representa más una oportunidad que un riesgo para las empresas del sector privado. En los países desarrollados, el número cada vez menor de trabajadores en relación con el de jubilados hace insostenibles los sistemas de pensiones a largo plazo. En los países emergentes, la protección social no está desarrollada (se habla de «brecha de protección»). Esto empuja a los particulares a tener que buscar soluciones de compensación, a través de planes de seguro de vida o de ahorro gestionado. Un ejemplo de inversión en este segmento es Prudential, empresa cotizada en Londres, pero expuesta al mercado de pensiones y ahorro en Asia y África.
En cuanto a los sistemas sanitarios, habrá ganadores y perdedores. Hemos visto claramente en el debate sobre los precios de los medicamentos en Estados Unidos desde hace varios años, que no hay lugar para los precios ni para una inflación elevada cuando no hay innovación y ventaja terapéutica para los pacientes. Ventaja terapéutica que también debe materializarse en una ventaja para el sistema, que financia la innovación si permite reducir los costes en conjunto (el concepto de «value based pricing»). Un ejemplo es Novo Nordisk, que con la molécula semaglutida (utilizada en el tratamiento de la diabetes y la obesidad) intenta demostrar una reducción del riesgo cardiovascular, lo que podría justificar un ahorro significativo, si se verifica, para los sistemas sanitarios. Otros temas/riesgos que consideramos en la cartera son, por ejemplo, las consecuencias de la reducción de la mano de obra activa (lo que implica una necesidad de automatización) y la necesidad de envejecer bien, y por tanto de una longevidad «en forma» (lo que implica una necesidad de deporte y nutrición sana).
