Prevenir hoy para asegurar la salud del mañana
Por Pablo Moreno Pozuelo, director Comercial Sanitas
Durante décadas, el seguro de Salud ha cumplido bien su función: estar ahí cuando aparece la enfermedad. Ese modelo ha sido, y sigue siendo, imprescindible. Pero hoy empieza a ser insuficiente. No porque falle, sino porque llega tarde.
El contexto sanitario ha cambiado de forma estructural. Vivimos más años, pero convivimos más tiempo con enfermedades crónicas. La presión sobre los sistemas de salud es constante y creciente. Y, sin embargo, muchas decisiones sanitarias siguen produciéndose cuando el problema ya se ha manifestado. En ese escenario, la pregunta clave ya no es solo cómo atender mejor, sino cómo anticiparnos antes.
Prevenir no es un concepto nuevo, pero sí lo es la forma en la que hoy podemos hacerlo. Durante años, la prevención se apoyó en mensajes generales sobre hábitos saludables: útiles, necesarios y bienintencionados, pero poco adaptados a la realidad individual. Hoy sabemos que no todas las personas parten del mismo riesgo ni responden igual a las mismas recomendaciones. La prevención eficaz no puede ser genérica: debe ser personalizada, basada en evidencia y conectada con decisiones clínicas reales.
Un buen ejemplo de este cambio es Mi Salud Genómica, el programa de medicina preventiva de Sanitas que incorpora el análisis del genoma completo como herramienta clínica. No se trata de hacer predicciones abstractas ni de generar alertas innecesarias, sino de traducir información genética en conocimiento útil para la práctica médica diaria. Conocer determinadas predisposiciones permite ajustar el seguimiento, priorizar pruebas cuando tiene sentido y orientar mejor las recomendaciones de estilo de vida.
La experiencia acumulada en este tipo de programas muestra algo relevante: en una proporción significativa de las personas analizadas aparecen variantes genéticas que ayudan a explicar por qué ciertos riesgos son mayores o por qué determinadas decisiones preventivas tienen más valor en unos casos que en otros. En la mayoría de las ocasiones, esa información se traduce en recomendaciones personalizadas, razonables y accionables, orientadas a cuidar la salud a medio y largo plazo. No es futurismo ni investigación experimental; es prevención aplicada en un entorno asistencial real.
Dentro de este enfoque, la farmacogenética ocupa un lugar especialmente relevante. Sabemos que las variantes genéticas influyen de forma directa en cómo cada persona metaboliza los medicamentos, en su eficacia y en la probabilidad de sufrir efectos adversos. Incorporar esta información a la prescripción permite afinar tratamientos, evitar fármacos menos adecuados y mejorar la seguridad del paciente. No es añadir complejidad al sistema, sino reducirla: prescribir mejor porque se conoce mejor a la persona.
Mirando al futuro, el seguro de Salud está evolucionando hacia un modelo en el que la prevención, la salud digital y el acompañamiento clínico continuo ganan peso. En este contexto, ayudar a las personas a comprender mejor su salud, a tomar decisiones informadas y a anticiparse a posibles problemas forma parte, cada vez más, de su función esencial.
Proteger la salud ya no puede limitarse a actuar cuando aparece la enfermedad. Implica intervenir antes, con conocimiento clínico, responsabilidad en el uso de los datos y una visión de largo plazo. En definitiva, prevenir hoy es la forma más sólida de cuidar la salud del mañana.

