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Opinión

Seguros de Salud: La enfermedad de un modelo de negocio

Redacción 28 de junio de 2021

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Por Federico Relimpio, miembro del Observatorio

de la Sanidad del Colegio de Médicos de Sevilla

A pocos se les escapa que los seguros de Salud (la mal llamada “medicina privada”) es un negocio en progresión. Imparable, oiga. Y los ganchos que ofrece a su cliente diana son irresistibles.

De entrada, libertad. Elijo al médico que me da la gana. Si me encuentro a un tío o tía desabrida, me voy al siguiente sin dar explicaciones. Sin listas de espera, o apenas. Adiós a las demoras del Sistema Público. Y luego, todas las exploraciones complementarias. TAC, resonancias o los análisis que hagan falta en… ¡días! Mi proceso diagnóstico completo en un pispás. Mi intervención quirúrgica – si hace falta – programada en una semana. En quince-veinte días, el proceso terminado. Satisfacción garantizada. A ver qué sistema público compite con eso. Imposible, oiga.

Los usuarios de los seguros se están sonriendo a estas alturas de artículo. Lo hago aposta; el párrafo anterior es una exageración de las bondades del modelo. Pero admitirán que hay mucho de ello. Es la base de su modelo de negocio. La segunda parte es el precio. Barato. Muy barato, para lo mucho que da al usuario. E insisto: es la base del modelo. Dar mucho por muy poco. Porque hay que competir un Sistema Público de Salud que, en España, da mucho. Da mucho con incomodidades, con esperas, con malas caras, con rigideces, con falta de libertad del usuario. Y ahí es justo donde inciden los seguros de Salud. Por un precio asequible. Muy asequible. Tan asequible, que muchos usuarios ni se enteran; se lo dan, por ejemplo, como añadido en ciertos trabajos.

Vistos los dos párrafos anteriores, la conclusión queda clara. La estamos viendo. Expansión del negocio… ¿Cómo puede suceder de otra forma?

Visto así, el modelo es win-win (ganar-ganar). Me explico: gana el usuario, lo hemos visto. Y gana el Sistema, cada vez más asegurados; sus ventajas son objetivas. ¿Puede perder alguien con esta bicoca?

Pues temo aguarles la fiesta con una respuesta afirmativa. Hay un perdedor. Y tanto pierde, que amenaza la estabilidad de todo el modelo.

Volvamos al segundo párrafo. Apenas he escrito una vez la palabra “médico”. De nuevo, lo he hecho aposta. Porque, durante cuatro décadas, todo el mundo lo daba por supuesto, fuera o dentro del Sistema Público.

Como he escrito más arriba, no es posible comprender el atractivo de los seguros de Salud sin considerar lo asequible de sus tarifas. Para entenderlas, es preciso que el público sepa que los seguros de Salud no tienen un régimen laboral con sus cuadros médicos (esto es, el médico no es un asalariado de los Seguros de Salud), sino que cobra por acto médico. Y que el acto médico se congeló hace varias décadas, de forma sospechosamente concertada entre las diversas aseguradoras que operan en el sector. 

Como dato concreto, debe usted saber que un médico que se sienta con usted por primera vez puede cobrar unos 18€ brutos, que se quedan al final en unos 9€, limpios de polvo y paja. Pero es lógico pensar que este es problema del médico, no suyo. Usted tiene otros. Y este escrito tiene el fin de de poner de manifiesto que la congelación alevosa de la retribución por acto que practican las aseguradoras le afecta. Vaya si le afecta. Y me explico.

Tanto si trabaja exclusivamente para las aseguradoras, como si las simultanea con el Sistema Público, la congelación de retribuciones han llevado el pago por acto médico al ridículo. La mayor parte de los facultativos que ejercen para los seguros de Salud lo han intentado compensar multiplicando estos 9€ limpios por veinte o treinta (a veces cuarenta) pacientes diarios, en jornadas maratonianas repletas de actos médicos de pocos minutos. Remedo, pues, del Sistema Público. Por ello, lo de la “mal llamada medicina privada”. Y por ello, lo de “los usuarios de los seguros se están sonriendo a estas alturas de artículo”. Y, del mismo modo, conecto con el párrafo anterior: “vaya si le afecta”. Una pérdida indisimulada y progresiva de calidad, vaya.

La expansión del negocio estaba basada sobre un perdedor. Un perdedor que, lamentablemente, es nuclear en la dispensación de cuidados. Un perdedor que, en este modelo, no dispone de sistema de representación colectivo que defienda mínimamente sus intereses. En este sentido, la enfermedad del modelo lo aboca a una implosión. Por un elemento que, además, no fue tenido en cuenta por las aseguradoras.

Como hemos escrito en otros lugares, la expansión de la medicina española (pública y no pública) solo puede explicarse por la abundancia reciente de mano de obra. Ello ha permitido desposeer al trabajador de sus derechos laborales (por ejemplo, retrasar las OPEs y abusar de la precariedad en el Sistema Público). Su espejo en los seguros de Salud ha sido la congelación de emolumentos. Era nota común: “como tú, hay cinco en la puerta esperando”.

Pues bien, la ola de jubilaciones pone de manifiesto que las vacas gordas en cuanto a abundancia de personal facultativo son historia. Y que reabrir el grifo no está tan a la mano como en el pasado: el número de estudiantes de Medicina depende camas hospitalarias (Bolonia dixit) y las plazas MIR cuestan caras. Que toca valorar un personal que, las décadas pasadas, parecía que crecía en los árboles, y se trataba a patadas. De repente, suena una palabra mágica: fidelizar plantillas. 

Y fidelizar, en las compañías de seguros, significa romper la congelación malsana y plantear una relación contractual más acorde con los tiempos. Quien antes lo haga se posiciona de forma ventajosa en un sector que pretende seguir siendo clave en este siglo.

«The times they are a-changin’», como cantaba Bob Dylan. Se ve, se siente. La profesión es femenina, y de menos gente. Y los que somos, queremos estar con los nuestros. Conciliar, que se dice. No atrae, eso de estar perdidos en jornadas interminables de muchísimos pacientes, para acabar en diversas formas de burn out o enajenación emocional.

Veremos, vemos ya, a nuevas generaciones de profesionales que no se quieren perder la vida extraprofesional. Y, en consecuencia, veremos, vemos ya una lenta migración de personal facultativo hacia las aseguradoras que sintonicen mejor con esta idea. Profesionales con una idea muy concreta de la Salud — física y emocional — y, por ende, más capacitados para aportar algo en la vida de los demás.

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