¿Digitalización? Sí, pero no nos olvidemos de la prevención
Por Alberto Merino, director adjunto de Salud de MediFiatc
La pandemia nos ha enseñado muchas lecciones. Por desgracia hemos avanzado a golpes, como si rememoráramos aquello de que “la letra, con sangre entra”. En el seguro de Salud hemos evolucionado en digitalización y en telemedicina más de lo que muchos de nosotros habríamos imaginado, y en un tiempo récord. Y todo ello es no sólo un aprendizaje, sino un nuevo entorno que, para muchos, ha venido para quedarse. Y está bien que sea así. Pero ahora toca recordar lecciones que aprendimos hace tiempo y que no deberíamos olvidar. Aunque parezca que lo hayamos hecho.
Salud es, sin duda, una pequeña “rara avis” dentro del mundo de los seguros. Porque en Salud las cosas no van solo de mutualizar riesgos, o de frecuencia y coste medio, que también; aquí de lo que hablamos es del bienestar, la vida y el futuro de las personas, de su curación… y a veces también de la prevención y del diagnóstico precoz. Porque en Salud, además de los dictados del negocio asegurador, somos conscientes de que las personas depositan en nuestras manos su bien más preciado. Y debemos no sólo restablecer su salud cuando sea necesario, sino también, y en la medida de lo posible, poner a su disposición los medios para que tengan una vida plenamente saludable y de calidad. Y eso precisamente es lo que hemos tenido que dejar de lado durante meses y no debemos ahora demorar, puesto que no son costes lo que nos va en ello, sino nuestra misión como aseguradores.
¿Quiere decir eso que hemos dado ya el paso y más que “seguros de Salud” ofrecemos “seguros de bienestar”? Pues creo sinceramente que no. Aunque vamos incorporando, con mayor o menor extensión, coberturas y servicios que van más allá de la mera “curación”, tanto en la medicina preventiva como en otros servicios de bienestar psíquico, de fomento de hábitos saludables, de educación nutricional… todavía nos encontramos en un momento de transición. Sin embargo, en Fiatc intentamos, desde hace un tiempo, mantener una visión holística que nos permitirá llegar, espero, a un enfoque más global del bienestar psicofísico de nuestros asegurados.
Pero volviendo a la cuestión principal que nos ocupa: ¿hemos retomado nuestras políticas de prevención y de diagnóstico precoz con el énfasis que mostrábamos en el período anterior a la pandemia?
La respuesta es que no del todo, y lo cierto es que la mayor parte de este período que va desde marzo de 2020 y hasta hace bien poco, nos hemos visto casi obligados a aparcar la medicina preventiva, lo que nos ha imposibilitado el diagnóstico precoz de multitud de enfermedades. La máxima de “si ni estando enfermo debo ir al hospital, ¿cómo voy a hacerlo si me encuentro bien?” ha dinamitado años de esfuerzos en la prevención y diagnóstico precoz de patologías. Y ya nos empezamos a encontrar los resultados de ello en forma de diagnósticos tardíos que generan mayores complicaciones a nuestros asegurados (y a la población en general) tanto en procesos leves como graves.
Y aquí volvemos a nuestro argumento inicial: no sólo como gestores de una actividad económica que ha de ofrecer unos resultados positivos y garantizar una indemnización y servicio a sus clientes cuando es oportuno sino, más concretamente, como aseguradores de la salud de nuestros clientes, no sólo debemos ahora hacer frente a las consecuencias de la parálisis de la actividad preventiva en materia de salud, sino que es nuestro deber reactivar todos los mecanismos para revertir dicha situación y ser los garantes del mantenimiento del buen estado de salud de nuestros clientes. Decía mi sabia abuela que “no es más limpio el que más limpia sino el que menos ensucia”, pues en la salud es más evidente aún, no está más sano el que más se cura sino el que menos se enferma. Y si como dicen los ingleses, an apple a day keeps the doctor away, ¡demos manzanas a nuestros asegurados, por favor!


