El increíble hogar del futuro es tuyo


Por Eduardo Rodríguez Sierra, Director Comercial y Marketing de Asitur
Cuando veíamos en la España de 1990 la visión del hogar del futuro que aventuraban los dibujos animados de Los Supersónicos, difícilmente podíamos imaginar esa cómica e irreal versión de casas atiborradas de aparatos y dispositivos que hoy ocupan irreversiblemente su espacio en nuestras vidas. Televisores inteligentes preparados para realizar videoconferencias, aspiradores robóticos, trabajar desde nuestros hogares, asistentes virtuales, relojes inteligentes, pantallas planas y lo más estrambótico: todo conectado a través de una red que luego se llamó internet. Aquellos personajes de la serie se desplazaban en platillos volantes y hoy sabemos que, sí o sí, la “smart mobility” va a cambiarlo absolutamente todo en los próximos 10 años. El transporte “as a service” es imparable, desde la irrefutable nueva realidad económica hasta la emergencia climática mundial.

Cuando nuestros padres vienen a nuestras casas, comprueban que todo tiene un nivel de complejidad aparentemente simple. Ver a nuestros hijos encender o cambiar de canal la televisión con una orden de voz, poner cualquier música con sólo pedírsela a una tal “Alexa” o “Siri”, encender o apagar las luces sin utilizar los interruptores de la pared no deja de asombrarles. Resulta escalofriante pensar que sólo hemos necesitado un salto generacional para dejar fuera de la “digitalización del todo” a personas o usuarios con un nivel cultural razonable, que además mantienen una vida activa e informada.
Las ciudades modernas, vistas con la perspectiva de los 30 años que han transcurrido desde que nos reíamos con la vida que tenían Los Supersónicos, son milagros del diseño y de la ingeniería, pero acarrean unas consecuencias desproporcionadas de consumo energético, de superpoblación, de sobreocupación de las calles por los vehículos no voladores y que han elevado los niveles de contaminación hasta la extenuación. Todos estos nuevos problemas se han agravado con la pandemia del Covid19 y se han convertido en una plaga para las metrópolis modernas. Los antiguos diseñadores construían hábitats que complementaban a la naturaleza, no que luchaban contra ella. Ahora tenemos que empezar a observar el pasado para resolver nuestros problemas actuales.
La búsqueda de un hogar seguro incentivó la creación de nuevas comodidades, de nuevas formas de pensar para esa sociedad moderna “renacida” y superviviente a las últimas guerras. Hemos construido en los últimos 60 años un mundo lleno de maravillas, hábitats modificados y personalizados a nuestro antojo. La civilización actual que estamos rediseñando en estos instantes, adaptando de forma exprés un nuevo entorno laboral y de ocio, será la herencia de nuestros vástagos. En el fondo, cada casa es un pequeño monumento que representa nuestro particular espíritu humano y es el reflejo de nuestros logros más destacados, estudiando y trabajando toda una vida para dejar un legado. Sin embargo, esta civilización global, ahora angustiada por una pandemia, revela quiénes somos realmente como especie al descubrir que no somos inmunes a todos los peligros, al menos, a todos los que podíamos imaginar. Estamos probablemente, ante el mayor reto de supervivencia y rápida readaptación al que jamás nos hemos enfrentado.
El año 2020 y este 2021 nos ha demostrado que hemos podido sobrevivir rodeándonos de tecnología, que añadido a los cambios en las necesidades de movilidad que debíamos acometer por razones sanitarias, la pandemia ha ayudado a tomar una decisión (que de otra forma habríamos tardado años), y es que muchas empresas reduzcan al mínimo, gracias al teletrabajo, sus grandes sedes corporativas y presencialistas de por vida. Todas estas causalidades van a propiciar “un nuevo hábitat”, que será probablemente el pilar de una de las industrias más importantes en el futuro, la de los servicios de sanidad, logística, sostenibilidad, energía, comunicaciones… La amplia variedad de industrias que van desde la automoción hasta el equipamiento del hogar pasando por la manufactura o la generación eléctrica, tendrán muchas más posibilidades de sobrevivir a la PostPandemia.
Igual que el año pasado Asitur se unió con Iberdrola para impulsar el uso de la movilidad eléctrica en España, el siguiente paso será avanzar hacia la sostenibilidad energética también en el hogar, automatizando para eficientar los costes “As A Service” de una vivienda.
Ya en pleno 2021, los datos confirman el comienzo del éxodo a la periferia y la creación de nuevos hábitats fuera de los colapsados núcleos urbanos con preferencia a viviendas unifamiliares. Esta nueva necesidad ha provocado el crecimiento exponencial de empresas que desarrollan nuevas viviendas prefabricadas (de 3 a más de 30 en España en pocos meses). Además del ahorro económico y del tiempo de construcción, esta nueva tendencia ofrece un mayor respeto al medio ambiente gracias a un método de construcción más económico y eficiente respecto al tradicional; perfecta para un mayor tiempo de vida en tele trabajo y con mayor espacio para un ocio de actividades físicas saludables.
Hablar sobre el futuro es difícil pero lo cierto es que, aunque la prioridad ahora es “recolocar nuestras vidas”, el posible éxodo hacia la manida España vaciada, puede ser que no sólo se mantenga, sino que salga reforzado gracias a nuestro excelente clima y la cantidad de espacio con las excelentes infraestructuras de comunicaciones que tenemos (si las comparamos con cualquier país del mismo clima). Esta tendencia podrá originar una nueva forma de vida y convertirse en una excelente oportunidad de negocio que supla el espacio que deje la bajada del turismo en España y que probablemente, jamás volverá a ser el de antes.
Probablemente estemos asistiendo a uno de los cambios más disruptores de la historia de la Humanidad, y nos va a afectar a todos y a todo, en casi todas las facetas de nuestras viviendas analógicas (hasta ahora), con nuestra nueva realidad, más conectada, más íntegramente digital.
Está todo por hacer.
