La transferencia del riesgo inherente
Por Álvaro García, gestor de Comunicación de Uniteco
La mayor parte de la población cuenta con puestos de trabajo con relativo riesgo… entiéndanme, no hablo del riesgo a hacerlo cuestionablemente bien o mal, porque esto sí existe en todas y cada una de las profesiones. Me refiero a un riesgo hacia los demás, es decir, un componente que de salir mal puede perjudicar, afectando determinantemente a otros miembros de la sociedad. Si un conductor de autobuses, o la compañía para la que desempeña su función, no asegura los riesgos que conlleva su actividad ante un posible infortunio, podría no ser capaz de asumir las consecuencias que conlleva un desenlace fatal de los acontecimientos.
Hablemos de lo que todos entendemos, porque todos residimos en un hogar protegido con un seguro -o deberíamos-. Ese seguro de hogar no está sólo para cubrir aquellos sucesos que nos afectan a los tomadores del seguro en nuestro espacio de vida. Ahí no está la importancia de su protección, sino en la acción de cubrir aquellas cuestiones que afecten a otros vecinos e, incluso, a toda la comunidad. Si por un despiste se queda el horno encendido, una sartén en el fuego, un grifo abierto… y sucede un desastre involuntario y causado por una serie de despropósitos, nos alegraremos de tener cubiertos esos riesgos ya que, de no ser así, la responsabilidad recaería en nosotros mismos como detonantes de la situación. Nos tocaría cubrir los costes que conlleve arreglar los desperfectos, tanto de nuestra residencia como de aquellos causados a otros.
La responsabilidad civil está presente en muchos más escenarios de los que, a primera vista, somos conscientes. Pero este artículo quiere centrarse en la acción que tiene la responsabilidad de los que cuidan de todos: los profesionales de la salud. En la Medicina, hay algunos componentes específicos que la hacen única. Para que logremos una ciencia que avance, logre combatir y vencer batallas que afectan a toda la humanidad, en muchas ocasiones hay que arriesgar. El que no arriesga no gana, se dice comúnmente, y es ese riesgo el que se convierte en un arma de doble filo. Muy satisfactoria y plausible si sale bien, pero condenatoria en el caso contrario.
En Uniteco lo vemos demasiado a menudo, no se puede achacar a un médico mala voluntad a la hora de curar a un paciente. No ha encomendado su vida al cuidado de los demás para ser descuidado en su labor. No pretende hacer mal cuando se encarga de curar a un paciente con determinadas dolencias o patologías, sino todo lo contrario. Pero, a veces, las cosas no salen como uno quiere por mucha intención y conocimientos que se quieran aplicar. No es una ciencia exacta, y depende de muchos factores que se escapan de la acción humana.
Por ello, y con esto vuelvo al título de este artículo, la mejor opción es la transferencia del riesgo inherente a la profesión. No tenemos ninguna duda, tanto de vuestras aptitudes como de vuestra diligente actitud e intención de cuidar y sanar a la sociedad, procurando la mejor calidad de vida posible a vuestros congéneres. Pero el riesgo sigue estando ahí, y lo que queremos es acompañaros en el camino que supone vuestra carrera profesional ayudándoos con las cuestiones no médicas pero muy importantes para el desempeño de vuestra actividad.


